Por: Héctor Mario Hurtado Díez
Director de Viguerías Culturales
Colombia recibe este 7 de agosto con profunda expectativa lo que pueda suceder con el nuevo gobierno. Y no es para menos: quienes honramos fervorosamente a nuestra patria sentimos, tanto en el corazón como en la mente, un dolor profundo por el derroche del gobierno saliente. Hoy afrontamos una situación económica sumamente compleja, agravada por los gastos e impactos de una crisis económica, social y de salud que el colombiano de a pie ha tenido que enfrentar con puro estoicismo.
El equipo de trabajo de nuestro nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, deberá estar integrado por verdaderos gladiadores que defiendan la patria —como lo promete su eslogan— «a capa y espada», para que algún día podamos retornar a la normalidad.
Es indispensable que exista moderación en el gasto público y que lleguen nuevos capitales para reinyectar dinamismo a nuestra economía. Solo así podremos superar la pobreza en la que nos deja una administración caracterizada por la mala gestión.
Hoy vislumbramos con esperanza un mejor futuro para las próximas generaciones y un presente más digno para los adultos que han sufrido las consecuencias de un gobierno que paralizó la salud por mero capricho ideológico. Una izquierda que no pensó en el bienestar del pueblo, sino en el ensayo fallido de sus políticas económicas, de paz fallida y sanitarias.
Pero ya no es tiempo de lamentarse; es momento de dar gracias a Dios por la etapa que comienza. Durante estos cuatro años, el nuevo gobierno debe caracterizarse por la moderación, la ecuanimidad y la búsqueda de unidad con todas las fuerzas políticas para revertir esta triste historia y conducirnos hacia escenarios mucho más prósperos para nuestro pueblo colombiano.
Que hoy nuestra patria sienta el clamor de todos sus ciudadanos y que nuestro rumbo sea, de ahora en adelante, el mejor de todos los tiempos.
