EN CUIDADOS INTENSIVOS NUESTRA DÉBIL DEMOCRACIA

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Desconcierta la forma como se debilita la mal llamada democracia en nuestro país, que al decir de los estudiosos en los asuntos del estado, se deben dar un mínimo de condiciones, sobre todo las que hacen referencia al ejercicio de las tres ramas del poder público; que el ejecutivo gobierne, que el legislativo expida las leyes y la judicial, instruya, juzgue y falle, sin injerencias e invasión de órbitas que resultan perturbadoras para el buen desarrollo de esa democracia participativa de la que tanto se ufanan los gobiernos de turno.

No es secreto alguno, como el ejecutivo con su poder presidencialista ha pretendido ejercer un dominio frente a la legislativa, obteniendo de esta rama aprobaciones de reformas tributarias, muchas de ellas fiscalistas y regresivas, para enmendar el hueco fiscal producto del desaforado gasto público, nóminas paralelas, cupos indicativos, publicidad oficial en la búsqueda de una mejor imagen del gobierno, factores estos que atentan contra las finanzas públicas.

Pareciera ser, por lo acontecido la semana pasada que ese principio democrático es solo un enunciado constitucional para el ejecutivo central, desconociendo la división de poderes, que solo busca que las competencias otorgadas a los diversos órganos del estado, sean ejercidas en un marco de pleno respeto de independencia y autonomía.

Ahora bien, si lo que se pretende es la paz política y social que tanto predica el ejecutivo, empecemos por aceptar las diferencias, por cuanto no todos podemos pensar en idéntica forma, reconociendo el derecho fundamental al disenso, a diferir, a disentir, dejando de lado el discurso autoritario, que consiste en que el emisor no puede siquiera imaginar que alguien piense distinto.

Imposible desconocer, aunque se quiera negar por los voceros oficiales, el país se encuentra por un momento crítico de su historia institucional, el estado como estructura jurídica está siendo embestido por una arremetida dirigida desde la cima del poder, con arengas y posiciones dogmáticas, descalificaciones a quienes opinan de diferente manera, cuestionamientos a ciertos sectores de opinión, que nos hace pensar que se gobierna con un ropaje de democracia, pero en el fondo se pretende ejercer un mandato autocrático, debilitando poco a poco la institucionalidad.

La gobernabilidad no reside únicamente en la estabilidad política del sistema y del apoyo de los partidos de coalición, muchos de ellos atraídos por las bondades burocráticas, sino en el cumplimiento de los cambios prometidos, que deben ser sometidos a los procedimientos constitucionales, respetando las reglas de la democracia, si se desea obtener una gobernanza en armonía con los otros órganos del poder público.

Al ejecutivo pedirle en cabeza del huésped de la casa de Nariño mayor serenidad, reconocer que estamos inmersos en una crisis de credibilidad, donde afloran los múltiples escándalos de corrupción, un sentimiento de desconfianza hacia las instituciones por la falta de claridad en ciertas políticas de estado, los continuos cambios ministeriales que impiden una continuidad en los proyectos oficiales, estando a tiempo de encaminar el estado por senderos que permita recobrar el apoyo ciudadano en las instituciones.

ADENDA UNO. A propósito de la consulta popular planteada para preguntarle a los colombianos sobre las reformas sociales impulsadas por el ejecutivo, llama la atención el desconocimiento constitucional de algunos miembros del pacto histórico al proponer el tema de la reelección presidencial, olvidando que el artículo 197 establece terminantemente, que solo es procedente mediante referendo de iniciativa popular o asamblea constituyente, no estando encasillada la consulta popular.

ADENDA DOS. Es muy posible que tengamos alocuciones presidenciales al por mayor del jefe de estado para impulsar la consulta popular, utilizando las cadenas tanto públicas como privadas, saturando la audiencia de publicidad oficial buscando apoyo a la idea gubernamental, que nos hace recordar al ex presidente argentino médico Arturo IIIia, derrocado por un golpe militar en 1966, cuando expresaba en este lacónico párrafo lo siguiente. “Una nación está en peligro cuando su presidente habla todos los días y se cree la persona más importante del pais.

Por: J. Ferney Paz Q – Exmagistrado

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