Envigado, 10 abril de 2026
La mayoría de nuestros gobernantes, con muy pocas excepciones, son derrochones. Gastan y gastan como si los recursos nunca fueran a faltar. No les duele para nada que no haya dinero disponible para el sucesor. Están prestos a pensar en imponer nuevos impuestos o acudir a empréstitos, sin importar al final lo que podría pasar cuando no haya plata para responder.
Tan raros estos gobernantes y tan inconscientes de la importancia de cuidar los recursos del presupuesto. No tienen en cuenta que este es un país donde impera la pobreza y sus gentes tienen que amarrar hasta el último centavo para sobrevivir. Parece como si nunca hubieran conocido la penuria, la escasez. Les cuesta mucho trabajo adquirir conciencia de que este país es pobre, que las empresas y los ciudadanos tienen que hacer grandes esfuerzos para cumplir con sus obligaciones en el pago de los impuestos.
La palabra austeridad aparece muy poco en las propuestas políticas de los candidatos a ocupar cargos públicos. Es como si no la conocieran. O puede que sí la conozcan pero no la mencionan para no comprometerse. ¿Pero a quién le importa ahorrarle plata al Estado si este no es de nadie?, ¿Quién le pasa la cuenta de cobro a los derrochadores? Nadie.
Ser austero también puede ser mal visto en quien llega a asumir funciones públicas o incluso en empresas privadas. El espíritu de ahorro, de economía, del uso eficiente de los recursos, está mandado a recoger. No debería ser así. Si no hubiera sido tan derrochón, el estado colombiano podría estar en condiciones de prestar plata y no que le presten a las tasas que impone el prestamista local o internacional.
Antes de emprender algún gasto nuevo hay que definir si los bienes que se van a adquirir para el uso del Estado, o las obras de infraestructura que se planean, o los funcionarios nuevos que se contratan corresponde a necesidades objetivas del Estado o del desarrollo de la nación. En muchos contratos está primero la urgencia de la ganancia personal y el interés político antes que el interés público.
Económico o derrochón debería servir de criterio para la selección y evaluación del gobernante en las próximas elecciones presidenciales. Ojalá encontremos al primero.

Por: Raúl Vélez A.
info@vigueriasculturales.com

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