LA FELICIDAD EN COLOMBIA, UNA EXCELENTE PREGUNTA

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Para nadie es un secreto, y menos para los colombianos, que somos un país
folclórico
. Colombia fue declarada en 2018 el país más feliz del mundo, esto,
para muchos no es nada real, y no podemos decir que lo somos si miramos las
cifras y estadísticas de pobreza, delincuencia y conflicto armado que hemos
soportado durante 60 años
.
Los colombianos por naturaleza somos gente alegre, pero eso no quiere decir
que no suframos penas. La felicidad entendida como la sonrisa, es
probablemente el ítem que deben haber tenido en cuenta para tomar la
decisión de catalogar a Colombia en el primer lugar de los países más felices
del mundo.
Así las cosas procedamos entonces a hacernos las preguntas de rigor.
¿Qué es la felicidad?
La felicidad, según los estudiosos del tema, no es para nada la ausencia de
tristeza; esta, es puntualmente un estado constante de nuestro interior.
La felicidad para la mayoría de personas es la ausencia de dificultades, pero en
realidad, esta se compone de un sistema muchísimo más complejo, que no
siempre logra estar en cada una de las personas o habitantes del mundo.
Según los estudios de la OMS, las personas más felices, gozan del acceso a
los servicios básicos en condiciones normales suministradas por sus gobiernos,
y poseen altos índices de acceso a la educación superior. Colombia, al día de
hoy, aún presenta índices alarmantes de analfabetismo, desnutrición, violencia
intrafamiliar, abuso de menores, micro y narcotráfico.
Para cualquier desprevenido, Colombia no estaría ni siquiera en los planes de
ser tenido en cuenta para tal galardón. La violencia social y el narcotráfico, han
sido en los últimos años la fuente de ingresos de muchas personas en el país.
La inversión social en Colombia, se ha visto pisoteada por factores políticos
como la corrupción, la mala contratación estatal, los desfalcos a entidades del
estado y otros hechos de igual o peor magnitud.
Las precarias condiciones laborales de muchos colombianos hacen pensar que
la hambruna es latente en un país que se dice tener felicidad. Los tipos de
contratos que optamos u optan la mayoría de colombianos, no son nada
alentadoras, estas solo generan inestabilidad laboral, lo cual se traduce en
angustias financieras, suicidios y delincuencia.
La solidaridad del colombiano, hace que la dura realidad, se pinte en ocasiones
de otro color. Los colombianos por naturaleza, pretendemos pasarla bien,
somos un pueblo que se ha levantado de las cenizas sociales para alcanzar
niveles de salud mental creados a partir de sus propias desgracias.

Aprender a burlarnos de nosotros mismos, es tal vez la fórmula que hemos
encontrado
para mitigar la ausencia puntual y permanente de un estado
corrupto y lleno de inequidades que pretende callar las voces de un pueblo que
cada día se muere de hambre.
La reforma tributaria pretende en por estos días genera ingresos para
redistribuirlos entre los más pobres y vulnerables del país.
Ser feliz, es necesariamente una acción que los seres humanos tenemos como
premisa diaria, en el intento por no desfallecer en la lucha por el sustento. Los
colombianos somos resilientes, y por ello, muy seguramente seguiremos
adelante, buscando la mejor manera para ser felices, felices en el entendido de
no mirar la acción de abandono del estado, sino en jamás abandonar la
“alegría” propia de un país que vence sus adversidades y se declara feliz
porque le da la “gana”.
En conclusión, ser feliz, incluso, ya no depende del estado en que se viva, esto
depende de la actitud con la cual se asuma la abundancia y la escases. Ser
feliz va más allá de las cifras estadísticas… Va más allá de la satisfacción
básica de recursos.
Ser feliz es una decisión personal y no estatal.

Por: Juan Santiago Pareja Gaviria

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