Tanto el país político como el nacional denominado así por Gaitán no van por buen camino, aunque se pretenda desconocer esa realidad, ejemplos de lo dicho, la pérdida de confianza en el diseño actual del sistema judicial, los grotescos hechos de corrupción con endebles investigaciones, el abuso de la prisión extra mural para delincuentes confesos, la dilación injustificada para la definición jurídica por parte de las corporaciones competentes en los procesos contra altos funcionarios estatales, el mal manejo del manoseado principio de oportunidad, llamado de impunidad, sin ahondar en las permanentes quejas de humildes colombianos que afanosamente buscan se les ordene el adecuado tratamiento médico para sus enfermedades, como las largas colas para la entrega frustrada de medicamentos.
Ahora bien, hasta cuándo la sociedad debe limitarse a leer las informaciones de prensa que aluden a los llamados a versión libre, interrogatorios, fijación de fechas para imputación de cargos, acuerdos con una fiscalía que pareciera no existiera, pero pasa el tiempo y se desconocen los resultados de esas diligencias preparatorias y menos aún decisiones de fondo con medidas efectivas para quienes han burlado la ley o incursos en graves casos de corrupción y orondos continúan con sus actividades profesionales, políticas o comerciales, ejemplo de ello, las investigaciones penales contra el actual Min Interior, la recién nombrada embajadora ante el Reino Unido, como otros más.
Como quisiéramos que el país, sus gentes, su clase dirigente, los partidos tomen conciencia del mal momento político social y se rescate a la nación del caos presente, con un proceso electoral ejecutado con altura, dejando de lado el léxico demagógico, populista y engañoso propio de cierta dirigencia, que se respete lo que se ha denominado la democracia de opinión sin interferencia alguna por parte de los grupos de comunicación como del gobierno central.
No todo está perdido ni disuelto, lo menos que se puede perder es la esperanza como estado de ánimo.

ADENDA UNO. Frente a la cadena de aspirantes a la presidencia de la república, unos capacitados para el cargo, otros no tanto, solo podemos lamentar la ausencia de verdaderos líderes con carácter y coherentes en sus posiciones, comprometidos con el beneficio colectivo, no sin antes expresar con nostalgia que la sana política se volvió difícil de ejercerla en Colombia, abriéndole el camino a una dirigencia azarosa que lo que menos les interesa es el desarrollo social.
ADENDA DOS. Desde la antigüedad se aludía a dos clases de líderes, al estadista o buen político y al demagogo, al populista, connotación dada a quién se convierte en líder a través de promesas infundadas e inconsistentes, donde las limitaciones legales ni las instituciones convencionales le sirven de barrera para tratar de imponer sus puntos de vista. Que los ambles lectores saquen sus propias conclusiones.
Lamentable la intervención presidencial en el Cauca. La dignidad y el decoro parece estar out en este agónico mandato.
POR VIAJE AL EXTERIOR LA PUYA DEJARÁ DE PUBLICARSE POR VARIAS SEMANAS.
Por: J. Ferney Paz Q – Exmagistrado
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