La exposición travesía del alma nace en el taller del escultor William Agudelo Torres. por invitación del municipio de Yarumal en el marco de sus 239 años. Se realiza su primera muestra entre el escultor William Agudelo Torres e Hildebrando Agudelo, en homenaje al escultor y poeta Agustín de Jesús Agudelo Correa, otorgando la medalla al mérito Francisco Antonio Cano por sus valiosos aportes al arte y la cultura.
Esta exposición itinerante y en permanente transformación reúne e incluye nuevos artistas y obras.
Luego el escultor William Agudelo hace su aparición con la exposición travesía del alma que integra 14 esculturas en piedra dispuestas en la casa museo Débora Arango en el municipio de Envigado cuya Exposición tuvo lugar del 22 de abril al 13 de mayo.
La exposición realiza una tercera edición en la casa de la cultura Miguel Uribe Restrepo, integrando nuevos participantes:
Katherine Agudelo, Adriana Hernández Trujillo, José Manuel Agudelo Ceballos, Zully Mauren Campero, Néstor Iván Correa Castrillón y Adonis José López Ubarnes.
Expandiendo su dimensión colaborativa. Como proyecto itinerante, Travesía para el alma contempla futuras circulaciones en ciudades como Medellín, Bucaramanga y Bogotá.
A través de materiales como la piedra, el mármol, el hierro y otros elementos asociados a las tradiciones materiales del país, la exposición reúne un conjunto de obras que evidencian distintas aproximaciones a la forma, la memoria, las tradiciones y la experiencia sensible.
Más que una narrativa lineal, la muestra propone un recorrido por procesos individuales y colectivos atravesados por el oficio, la transmisión generacional y la relación directa con la materia.
En este contexto, el taller del maestro William Agudelo adquiere una relevancia central como espacio de formación, producción y pensamiento escultórico. Más allá de su dimensión técnica, el taller se configura como un lugar de encuentro, conocimiento y experimentación donde convergen distintas generaciones, sensibilidades y aproximaciones al hacer artístico. Desde allí se ha consolidado una relación sostenida con el oficio escultórico, entendiendo la escultura no solo como resultado formal, sino también como experiencia material, memoria compartida y construcción colectiva de sentido.

