Arrepentido

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Hay dos palabras que parecen sinónimos porque representan el mal: diablo y comunismo. No tienen la misma antigüedad. Mientras el diablo surgió desde antes de la creación, en el mismo cielo, porque había un ángel al que se le subieron los humos y se atrevió a desafiar al mismo Dios, el comunismo fue creación de un filósofo resentido que le prometió al hombre un paraíso en la tierra pero antes había que derramar mucha sangre destruyendo a los ricos que se quedaban con la plata de los pobres y matando a los curas que patrocinaban la explotación.

Yo no me arrepiento de haberme dejado tentar por el demonio. Con el diablo cualquiera cae, todos ceden a sus engaños porque están disfrazados de placer aunque después se convierta en una tortura. Él único que ha superado ese reto fue Jesucristo. El resto de humanos tarde que temprano cae en las garras del diablo y, si logra escaparse de sus malos influjos debe montar guardia porque él no renuncia a vencer al hombre.

De lo que sí me arrepiento es de haber coqueteado con el comunismo en mi juventud. Qué vergüenza tener que admitirlo. Lo comento para que sirva de ejemplo a jóvenes menos ilusos y no caigan en estás redes peores que las del diablo. El comunismo es una mentira. Ha sido un pretexto para que la gente dañe lo poquito bueno que tiene con la ilusión de conseguir en la tierra el mismo cielo, representado en una sociedad dizque libre donde los hombres podrían dedicarse a trabajar, pescar en las tardes y hacer el amor en las noches porque el sistema proveería todas sus necesidades. Cómo es que a estas alturas uno cree en cuentos chinos.

Por fortuna, la fiebre de mi comunismo me duró muy poco. Recién conseguí trabajo con el gobierno y comencé a usar corbata, me olvidé de esas tonterías. Eso no me ha librado de la mala experiencia de ver la destrucción que ha causado el comunismo que día a día sigue engañando incautos con la promesa de poder alcanzar el paraíso en la Tierra.

El único paraíso está en el cielo. Aquí en la Tierra hay que trabajar duro y no hacerse muchas ilusiones porque todo es finito, perecedero.

Raúl Vélez A.

Raúl Vélez Arredondo es sociólogo. Nació en Andes, Antioquia en 1955. Reside en el municipio de Envigado. Trabajó en los Ministerios de Agricultura y Comunicaciones. Su interés principal ha sido construir un relato literario con personajes ubicados en el contexto político y social colombiano.


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