El amargo Gobierno de Petro

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Por: Héctor Mario Hurtado Díez – Director Viguerías Culturales

Mucho se ha hablado del desgobierno del presidente Petro; específicamente, en cuanto a sus promesas incumplidas. Nos encontramos ante una administración fallida que prometió, entre muchas otras cosas, la «paz total» como un ideal de izquierda. Sin embargo, esta bandera le ha cobrado una alta factura en desfavorabilidad debido a la falta de concreción con los grupos armados, derivada de la incapacidad para lograr acuerdos sensatos en las mesas de diálogo.

Su mandato estuvo inicialmente lleno de promesas para transformar el país. No obstante, los resultados no se ven y, pese a los esfuerzos políticos, los empeños en las reformas propuestas han sido insuficientes. Nada bueno se concreta y se desmorona su imperio como gobernante de papel, evidenciando que delega su función presidencial en los ministros. Esto quedó plenamente demostrado esta semana durante la cumbre de gobernadores en Boyacá.

Gobernar se ha convertido para Petro en su dolor más profundo. Ha quedado en evidencia que no se preparó lo suficiente para dirigir a un país necesitado de transformaciones estructurales, las cuales debieron ser intencionalmente beneficiosas para todas las clases sociales. Hoy vemos a un presidente infeliz por el episodio vivido ante el reclamo de los mandatarios regionales; líderes que, frente a la crisis de sus departamentos, le exigen soluciones y dejan al desnudo su incapacidad para trazar una política clara en materia de seguridad y bienestar social.

Nuestro pueblo, nuevamente humillado por las guerrillas, se da cuenta de que tenemos a un mandatario poco o nada preparado para superar la aguda crisis económica, social y de orden público que padecemos. Mientras tanto, restará esperar lo que suceda en el Congreso en los próximos meses para contemplar las sorpresas que nos depara la política fallida de este gobierno.
A todo esto se suma, en la actualidad, su falta de cordura para reconocer la derrota y entregar de forma ordenada la administración al presidente electo, Abelardo de la Espriella, y a su equipo de trabajo. ¿O será que ocultan algo malo?

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