EL POLÍTICO – SU VERDADERA LABOR

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Cómo quisiéramos que nuestra clase política, actual y futura, asumieran como propios los principios y fundamentos de la labor de un verdadero dirigente, que hacen referencia a una profunda conciencia de su misión como orientadores sociales, que proyecten credibilidad, venida a menos por los reiterados escándalos denunciados por los diferentes medios de comunicación, que trabajen por el bien común y no por sus intereses personales, que sean coherentes entre sus palabras y acciones, que honren y cumplan las promesas electorales.

El auténtico político debe saber escuchar, antes, durante y después de unas elecciones, que actúen con transparencia, que no le huyan a la verdad, por cuanto la verdad no necesita de votos.

La clase política debe entender que se requiere de un firme propósito de cambio de las costumbres y del ejercicio de la actividad partidista y quienes la practican entiendan, que la misma debe hacerse con altura y dignidad, anteponiendo intereses personales y de grupo, para la defensa de lo colectivo, que la administración pública es vaso sagrado, con el máximo respeto por la moral y la transparencia administrativa, sin desconocer que el verdadero político ha de ser fuerte y hábil, siguiendo los pasos de Maquiavelo, actuando como león y como la vulpeja, el león puede enseñarle la fortaleza, la nobleza, la vulpeja, puede adiestrarle en la habilidad discreta.

Lo anterior no es más que el simple desarrollo del mandato constitucional del artículo 133, que alude a que “Los miembros de los cuerpos colegiados de elección directa representan al pueblo y deberán actuar consultando la justicia y el bien común.” Pero por el desarrollo de la política actual estamos muy distantes de lo expuesto en el presente escrito.

No debemos olvidar la frase del maestro Darío Echandía, denominado la conciencia jurídica del país: “en política, se puede meter la patas, más no las manos.”

ADENDA UNO. Se ha sostenido que la solidez de una democracia radica en el funcionamiento de partidos fuertes y vigorosos, que canalicen el sentimiento popular, pero será imposible hacerlo con movimientos integrados por desertores que aplican para desgracia institucional, los falseados principios que en política vale casi todo para alcanzar o mantener el poder, con el agravante que se pasean por las plazas públicas o llegan al gobierno, como los benefactores del país, de las regiones, con un pasado oscuro, con investigaciones tanto penales como disciplinarias, sin que las mismas sean decididas por los organismos competentes, permitiendo que estos mal llamados políticos ejerzan sus torticeros poderes administrativos.

ADENDA DOS. No nos llamemos engaño, el factor confianza no es precisamente lo que hoy se percibe, nadie puede dudar de lo importante que es para el ciudadano confiar en su gobierno, el que debe estar instituido para ayudarlo y protegerlo, con verdadera acciones de estado que contribuyan a su desarrollo y no se le considere a todo momento como sujeto tributario, en donde las cargas impositivas, muchas de ellas exageradas le hacen imposible el diario vivir, pero si observa con perplejidad como se abusa del erario, el despilfarro presupuestal, la cascada de contratos otorgados a un privilegiado estamento que lo único que tiene para mostrar como experiencia es la cercanía con la cima del poder.

Un comentario adicional: Se debe llegar a las altas cortes por el conocimiento, por la experiencia profesional, por su prestancia en el ámbito académico, sin el consabido lobby que ha venido siendo carrera en el estamento judicial, donde el ente nominador esté ajeno a las cuotas burocráticas otorgadas por el eventual aspirante, como lo denuncian los medios para proveer una vacante en la Corte Constitucional.

A tiempo de corregir estos vicios que ensombrecen una justicia sana e imparcial.

Por: J. Ferney Paz Q – Exmagistrado

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