He regresado a la Biblioteca José Félix de Restrepo de Envigado luego de muchos años de ausencia. Fue mi lugar de estudio en la niñez y hasta diría que mi refugio. El silencio de la biblioteca traía paz a mi alma y sus estanterías repletas de libros parecían murallas que me protegían de los ataques del mundo.
Allí los libros abrieron un nuevo horizonte para mí vida. Eran amistosos conmigo, no me hacían acoso escolar (que también existía entonces), no me obligaban a creer como si lo hacían los profesores de religión, no se volvían posesivos conmigo ni me censuraban. Allí estaban en los anaqueles esperando que mis manos, guiadas por la curiosidad juvenil, los atraparan con voracidad, lo más parecido al acto de amar.
No sé por qué prefería el diálogo con los libros que con el prójimo. Los libros siempre tienen la ventaja de poder escudriñar el pensamiento ajeno sin la dificultad propia de la interacción personal, sin interrogatorios, sin intromisiones. Allí en la biblioteca José Félix de Restrepo inició una relación amorosa con los libros que me ha durado toda la vida, con un período vergonzoso de infidelidad en los años recientes por culpa del celular que absorbe toda la atención como una amante posesiva, pero sin los placeres sensuales que ella brinda.
La biblioteca me permitió desde niño conocer nuevos pensamientos, explorar el mundo, viajar sin partir, apaciguar mis tristezas con descubrimientos de historia, geografía o política. Una visión más amplia de lo que ofrecía el colegio, entregada con objetividad y generosidad. Puedo decir que esos libros, leídos en desorden, ampliaron mi interés por el conocimiento y formaron mi carácter.
Los libros que aprendí a conocer en la biblioteca de Envigado crearon en mí el hábito de la lectura, que he conservado toda la vida, y me han salvado de la soledad que golpea y oprime dándole un poco de dulzura y encanto a este mundo. Celebro que la biblioteca José Félix de Restrepo a cargo del periodista Héctor Mario Hurtado y sus colaboradores, mantengan firme su propósito de divulgar el conocimiento y ser un espacio para engrandecer. A mí me salvó del tedio y creó un sano interés por el aprendizaje que aún conservo. ¡Gratitud infinita!
Por: Raúl Vélez A.

Raúl Vélez Arredondo es sociólogo. Nació en Andes, Antioquia en 1955. Reside en el municipio de Envigado. Trabajó en los Ministerios de Agricultura y Comunicaciones. Su interés principal ha sido construir un relato literario con personajes ubicados en el contexto político y social colombiano.
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