Por: José Ferney Paz Quintero – Exmagistrado
Un país no se mide por sus logros, se mide por cómo se abraza en la tragedia, en los momentos de dificultad, donde gobierno, ciudadanía en general, estamentos cívicos, industriales, la iglesia, han entendido que el dolor de unos, es el dolor de todos.
En estos momentos de crisis entendemos que un gobierno, máxime con pocos días de su inicio, hace lo posible por atender las múltiples necesidades en materia de vivienda, subsidios, salubridad, infraestructura hospitalaria, ejerciendo su tarea constitucional y legal, que el agua llegue a esos sectores afectados, atender con prioridad el restablecimiento de los servicios públicos, que las ayudas de la sociedad civil e internacional no se pierdan en el camino, no hacer politiquería con el dolor, por cuanto gobernar en tragedia es tratar de hacer lo correcto sin buscar el aplauso o reconocimiento.
Resaltar la solidaridad ciudadana, que siente la tragedia como propia, por cuanto lo único que queda en pie es la gente, aportando recursos propios, sacando tiempo de sus actividades laborales, ejerciendo labores de voluntariado social, con una sola finalidad, apoyar a los grupos vulnerables, en busca de un mejoramiento colectivo.
El país ha demostrado una inmensa solidaridad social, que ha entendido que la vida en comunidad exige vincular el esfuerzo propio en beneficio del bienestar común, surge desinteresadamente entre semejantes, al reconocer que solo podemos existir en especie si ejercemos la solidaridad.
ADENDA UNO. El movimiento sísmico si bien golpea aspectos del diario vivir, imposible dejar de lado el tema de la salud, su precaria atención por el gobierno saliente, como la imperiosa necesidad de atender a esa población marginada sobre todo la rural, que fuera de estar padeciendo los rigores del sismo, presentan dificultades de salud, con una mínima atención hospitalaria por el derrumbe de las instalaciones, con pérdida de los equipos médicos, donde el estado debe realizar una actividad con mayor eficiencia traducidos en resultados.
ADENDA DOS. Total, solidaridad con las gentes del olvidado Chocó, donde el gobierno central solo aparece en momentos de tragedia, solidaridad extensiva al Valle del Cauca, a su capital Cali, con las poblaciones del norte, que sufrieron los efectos del movimiento telúrico, Risaralda y su capital Pereira, al igual que la señorial Manizales, donde la naturaleza la ha golpeado en varias ocasiones, pero ha sabido reponerse gracias a la pujanza e hidalguía de sus gentes.
ADENDA TRES. Termino esta columna con un pasaje de la renombrada obra del Quijote de la mancha, a propósito de la cascada de nombramientos del ejecutivo central, para referirme a la metamorfosis que sufren algunas personas cuando la suerte o el cabildeo político, más no por las condiciones académicas o profesionales, son exaltadas a posiciones relevantes en la rama ejecutiva, como en la rama judicial.
Cuando Sancho Panza se iba a posesionar como gobernador de la ínsula de Barataria, su caballero andante y patrón don Quijote de la Mancha, inculcó varios consejos y recomendaciones y uno de ellos fue anotarle que “no vayas a ser como la rana que quiso hincharse como el buey y se reventó.”
A estos neófitos funcionarios recordarles, que el poder es efímero y fugaz, no quedándoles bien ese nuevo arribismo social y burocrático.
La humildad y la sencillez son principios éticos en el servicio público, y representan la cercanía con el ciudadano del común.
Diferencia abismal : el gobierno saliente aprovechaba cualquier evento excepcional para imponer impuestos, el actual buscará recursos mediante reasignación de partidas presupuestales vigencia 2026.
Manejo serio y racional de las finanzas públicas.
Como en el refrán clásico español: «algo va de Pedro a Juan.»
