Se ha sostenido que el desánimo democrático por parte del electorado se presenta cuando se desconfía de los partidos, no se cree en la clase política, generando una sensación que votar no repercute en su proyecto de vida, a diferencia de la participación elevada cuando se tiene confianza en la clase política, de quienes la ejercen, con verdaderos debates de ideas y de tesis programáticas, aspectos estos ausentes en el actual proceso eleccionario.
Conveniente para el país que el presente debate electoral para “renovar” en teoría el Congreso, y darle a la nación una diferente orientación presidencial, se realice con altura, dejando de lado el léxico demagógico, populista y engañoso propio de cierta dirigencia y paracaidistas de último momento, que se respete lo que se ha denominado la democracia de opinión, sin interferencia alguna por parte de los grandes grupos de comunicación, quienes acuden a la simplificación de la realidad social, a la descarada manipulación de la propaganda posicionando a candidatos de su predilección con el único objetivo de conseguir el poder que tanto los ha favorecido y mantenerlo.
Ahora bien, cierto es reconocer que la política es necesaria para canalizar los proyectos de beneficio colectivo, pero si no se practica como un servicio público, de manera transparente, con respeto hacia el contrincante, entonces se convierte en el juego de unas maquinarias que solo buscan perpetuasen en los escaños legislativos como en el poder ejecutivo.
Se dirá que es utópico lo que se plantea por lo visto en esta campaña, donde gran parte de la corrupción que carcome la estructura estatal (tanto público como privado) se anida en dirigentes de la política tradicional, pero se está a tiempo de recuperar la confianza perdida, restaurando la dignidad del ejercicio político, con candidatos limpios en su pasado, con programas serios, leales a ese proyecto y al partido que representan.

ADENDA UNO. Una gran verdad. Salvo dos o tres aspirantes presidenciales , se nota una aridez total por parte de esa cadena de candidatos, unos pocos con las condiciones para ocupar la primera magistratura, otros con ambiciones sin horizonte alguno, pero nada se nos plantea sobre la seguridad ciudadana tanto urbana como rural, la necesidad de establecer una política criminal de estado, como atacar la delincuencia en las grandes ciudades, el fleteo, el atraco callejero, las bandas delincuenciales en las comunas y barrios de los grandes centros urbanos, las actividades clandestinas, hechos estos que se convierten en elementos disolventes del bienestar de los que habitamos esta nación.
ADENDA DOS. Menos agresividad, locuacidad, en debates insulsos, con aspirantes procesados por corrupción cuando se desempeñaban como funcionarios elegidos por votación popular, que se nos plantea en materia de hacienda pública, si el manejo actual ha sido el correcto, si es necesaria una reforma tributaria, cuando se suscriben miles contratos en el último mes por billones de pesos, el abandono de la salud, los recortes presupuestales para la educación pública, los altibajos en materia de justicia, sin ideas claras sobre su reforma estructural, como lamentablemente cero alusión a la ciencia e investigación en un país que busca afanosamente su desarrollo.
Pero “es lo que hay “, aceptación estoica de la realidad actual.
ADENDA TRES. Se convirtió en costumbre institucional por parte del inquilino presidencial rebatir a través de marchas las decisiones judiciales.
¿ Recordarle al galáctico de la casa de Nariño, que se entiende por separación de poderes en un estado de derecho?
Imposible negar lo que sucede en la cúpula gubernamental : Las denuncias de corrupción de la semana , tapan las de las semanas anteriores. Ver para creer.
Por: J. Ferney Paz Q – Exmagistrado
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