El Saludo Militar

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Por: Óscar Moreno Mejía

El saludo militar utilizado por Abelardo de la Espriella en su campaña presidencial, y que tanta molestia le causara al mentiroso inquilino de la Casa de Nariño, tiene un origen muy particular. Resulta que, en la Edad Media cuando los caballeros de armadura se encontraban, levantaban la visera de sus yelmos con la mano derecha para permitir mostrar sus rostros, demostrando así confianza al no ocultar la identidad y simbolizando la ausencia de intenciones hostiles. No era, pues, para tapar el reflejo del sol que no dejaba ver bien, como algunos equivocadamente lo consideran.

El saludo moderno del gesto llevando la mano derecha a la frente evolucionó en dos etapas principales: primero, mostrar el rostro en el campo de batalla medieval era un signo de respeto y de paz, y, segundo: en los siglos XVIII y XIX, los soldados llevaban gorros y cascos muy grandes y pesados. Por respeto a un superior, originalmente debían quitarse el sombrero. Sin embargo, esto era poco práctico, por lo que el movimiento evolucionó a simplemente tocarse la visera o llevar la mano a la sien en señal de saludo rápido

Este saludo militar o marcial es la manera en que los militares de diferentes fuerzas armadas, policiales, penitenciarias y cuerpos de bomberos saludan mientras están en el ejercio sus funciones. Consiste en llevar la mano derecha con los dedos juntos hacia la sien o a la visera de la gorra, si es que la llevan puesta. En la mayoría de los países, este acto se ejecuta de manera tal que la palma de la mano es invisible para la otra persona; sin embargo, en países como Reino Unido y Francia la palma quedará visible para el público, quedando la mano de manera perpendicular al suelo. En Chile, España, Argentina y Uruguay este saludo solamente es reglamentario hacerlo cuando se tiene la gorra puesta.

Más allá de su forma, el saludo militar mantiene un significado constante: es una expresión de respeto, disciplina y reconocimiento entre miembros de las Fuerzas Armadas. Generalmente, el subordinado inicia el saludo y el superior lo devuelve, reforzando así la relación jerárquica. Este gesto también simboliza la pertenencia a una institución y el orgullo de formar parte de ella. No es solo un acto mecánico, sino una manifestación visible de valores compartidos.

A pesar de que las circunstancias que lo originaron han desaparecido, su esencia permanece intacta. Lo que comenzó como un gesto práctico entre caballeros medievales se ha transformado en uno de los símbolos más duraderos de la historia militar. Y aunque un civil puede hacerlo por simpatía o admiración, en el ámbito protocolario militar se considera incorrecto e inapropiado. Pero el nuevo presidente de Colombia Aberlardo de la Espriella — entiendo— lo acogió como símbolo de reconocimiento, apoyo y respaldo a las Fuerzas Armadas y de Policía, tan maltratadas por este pésimo gobernante a punto ahora de marcharse, aun así les haya aumentado el sueldo a los soldados profesionales, asunto que hizo más por buscar respaldos, simpatías y sometimiento de la tropa, que el mejoramiento personal de quienes luchan y defienden nuestro país, como ocurrió tantas veces en el Cauca, donde fueron maltratados, deshonrados y hasta secuestrados, por los indígenas cultivadores de coca, sin que el presidente hiciera nada por auxiliar a nuestros defensores de la Patria. O.M.M.

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