Por: Manuel Alberto Lema, periodista
En Colombia, desde que ganó la presidencia el doctor Abelardo de la Espriella, se respira un nuevo aire, un ambiente cargado de expectativas sobre lo que vendrá para nuestro país. Durante su contienda electoral, el hoy mandatario tuvo que enfrentar situaciones complejas: insultos, vituperios y, sobre todo, una oposición perversa.
En la segunda vuelta, se impuso sobre su oponente, Iván Cepeda, por una diferencia cercana a los 250.000 votos, resultado que lo convirtió en el nuevo presidente de los colombianos.
El pasado 7 de agosto asumió el cargo en medio de múltiples trabas e intentos por impedir su posesión. Quienes demandaron el proceso —encabezados por el nefasto Petro, quien argumentaba que la elección había sido ilegítima, postura respaldada por su alfil Cepeda— no contaron con la solidez de la institucionalidad. Al final, lo que verdaderamente se demostró fue la fortaleza de la democracia colombiana.
Hoy el país respira esa nueva brisa junto a De la Espriella y su excelente equipo ministerial. Los colombianos estamos esperanzados en este nuevo devenir de la patria; lo prometido en campaña se está aplicando, evidenciando la firme coherencia que exige el liderazgo nacional.
Quiero destacar de manera especial la presencia de Dios en la campaña y ahora en la dirección del Estado, reafirmando que cuando un hombre es temeroso de Dios, todo lo que emprende resulta bendecido. Colombia no estaba para tibiezas y hoy, bajo esta nueva conducción, recuperará la dignidad perdida.
Colombia está en buenas manos y muy pronto veremos el florecer de esa patria milagro.
