Momento de reflexión electoral

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En las democracias la decisión popular debe ser respetada, libre de presiones, intimidaciones, donde los eventos eleccionarios se realicen con transparencia, eligiendo a los más capacitados, con trayectoria política, profesional y cívica.

¿Lo reseñado podrá darse en nuestra nación? Imposible desconocer que vivimos en un país político, donde la política programática ha caído en desuso, donde los gestores electorales tratan de imponer su poder para reclamar ante el gobierno de turno la cuota burocrática que creen tener derecho.

Como quisiéramos que los gobiernos y los partidos entendieran la imperiosa necesidad de trabajar en el concepto de cultura política por cuando nuestra flaqueza esencial radica en una instrucción pública decadente, donde surgen interrogantes, ¿conoce esa franja electoral que reside en las comunas y sectores populares de la importancia del voto? ¿Es que acaso, el desertor campesino que huye horrorizado del servicio militar, conoce el significado de patria? ¿Qué hacer para que el elector tome conciencia de la importancia y utilidad del voto para que no sea direccionado por los mercaderes de turno?

Le corresponde a los gobiernos como a los partidos emprender amplias campañas para la defensa del voto como expresión popular, tarea por demás difícil, cuando esa población marginada de todo beneficio habita en cinturones de miseria, en tugurios, donde el oscuro bohío lo defiende de la lluvia, del frío y del calor.

Reconocer que ese colombiano así descrito, abandonado a su propia suerte, carece de los conceptos esenciales de la vida cívica e ignora muchas veces quién lo gobierna y cuando llega el día de las elecciones decide votar, lo hace por afectos, simpatías o temores hacia personajes que lo rodean, lo protegen o lo oprimen.

Ahora bien, reconocer que el país ha fallado en la escogencia de sus dirigentes como consecuencia de una falta de cultura política, con personajes con cuestionamiento éticos, con antecedentes judiciales, disciplinarios y fiscales, con métodos de trabajo que rayan con las normas penales y que han hecho del soborno, el cohecho, la violencia el prevaricato, el concierto para delinquir una forma de vivir.

Momento para reflexionar dándole al país buenos legisladores, como un buen gobernante, regresando por los senderos de la decencia, de la moderación, del respeto por el contradictor, dignificando la administración pública, donde el funcionario cumpla su tarea misional por méritos y no como contraprestación a una adhesión política.

Todo lo anterior para una sana conclusión: Es mucho lo que falta para que la población este siempre mejor que ayer y menos bien que mañana.

ADENDA UNO: Es de suma importancia reconocer que el periodismo investigativo o de denuncia cumple labor importante, en especial en aquellos ambientes donde la corrupción campea y los vicios se enseñorean.

Pero produce incertidumbre cuando el gobierno central trata de desconocer lo denunciado, con débiles argumentos, cuando lo expuesto por ese medio de comunicación se sustenta en pruebas sólidas, que pone en evidencia el peligro para seguridad nacional la infiltración de altos funcionarios del estado con la insurgencia armada, con un agravante, la morosidad para darle cumplimiento a una suspensión temporal de uno de los implicados proferida por el ministerio público por parte del ejecutivo, una prueba más de la indiferencia con que se nos gobierna y el desconocimiento de la separación de poderes. ¿Hasta cuándo esa conducta en contravía de la constitución?

ADENDA DOS: La solidez de una democracia radica en el funcionamiento de partidos fuertes y debidamente organizados que respondan a las inquietudes sociales, pero será imposible hacerlo con movimientos de papel, integrados por desertores que aplican para desgracia institucional el falseado principio que en política vale casi todo para alcanzar o llegar al poder.

Para infortunio de la política colombiana rondan falsos promeseros que aprovechando el momento electoral están más pendientes de sus propios intereses que los de la colectividad, a los que habrá que derrotar para sanear las costumbres políticas de la nación.

Por: J. Ferney Paz Q – Exmagistrado.

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