NO MÁS GOLPES A LA DEMOCRACIA

viguerias
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No llamarnos a engaños, nuestro país viene siendo asediado desde años atrás por una corrupción en todos los campos, tanto público como privado, en donde altos funcionarios de estado, integrantes de la clase política, se pasean por el soborno, el cohecho, el conflicto de intereses y demás gamas de delitos contra la administración pública, con resultados inanes en la rama judicial, o con penas irrisorias en guarniciones militares, (bien hace el gobierno en ponerle freno a estos desafueros carcelarios), o en sus lujosas residencias adquiridas con las actividades delictivas.

Cómo no recordar los sonados casos de Reficar, donde un ente de control de forma descarada se pronuncia en favor de sus directivos con la peregrina tesis que se actuó de buena fe, agro inseguro, donde millonarios recursos fueron entregados a pudientes familias de la costa, dragacol, para la limpieza del rio magdalena, las losas de transmilenio, los Nule, el desfalco a Caprecom con la participación de encopetados dirigentes de la política nacional, ahora gozando de buen retiro literario, el manejo fraudulento a los bienes de la mafia, el irregular destino a los dineros para la salud y otros casos más cuyas investigaciones permanecen en los anaqueles de los entes judiciales.

La conclusión a todos estos desafueros: un país en subasta, en poder de grupos dedicados a esquilmar al estado, grupos con demasiado poder económico, social y político, que ojalá sean descubiertos en lo que se ha denominado la patria milagro.

La sociedad espera que sé de un cambio en las costumbres políticas, un comportamiento ético y decoroso de la clase parlamentaria, que los debates se realicen con altura, respetando el libre disenso, y no se tenga que soportar intervenciones grotescas como la de un vocero del pacto histórico en el Senado, con un lenguaje que ni siquiera se escucha en los lugares de mala muerte, a quién la Corte Suprema (sala de instrucción) lo trató con benevolencia en la causa penal que contra el mismo se le sigue.

El día en que la política tanto pública, como privada, se ejerza con altura, con decencia, con compostura, con transparencia, podremos decir entonces, que tenemos una verdadera democracia. Lo demás es un canto a la bandera.

ADENDA UNO. LA SANCIÓN SOCIAL.

Hay un refrán popular que dice: «Cuando la justicia no actúa, el pueblo si funciona.»

Lo anterior para mencionar lo sucedido al hoy ex presidente de Ecopetrol señor de Apellido ROA, quién también se desempeñó como gerente de la campaña presidencial del ex inquilino de la casa de Nariño, qué fue objeto de rechiflas y voces de repudio en un supermercado por las personas allí presentes.

Cuando la justicia ordinaria mira para otro lado, dilata, prescribe o negocia con el principio de oportunidad, llamado de impunidad, opera entonces la SANCIÓN SOCIAL, que es más temida que la misma justicia ordinaria, es la defensa de la sociedad, porque si el juez no condena a pesar de las pruebas, lo condena la historia, el conglomerado, sus vecinos, que si bien pudo eludir la cárcel, pero nunca el desprecio de una sociedad.

ADENDA DOS. EL Marrullerismo judicial.

Pareciera ser que la trampa se pasea por ciertas instancias judiciales.

Informan los medios de la descarada actuación de un magistrado de la sala de instrucción de la Corte Suprema, que al percatarse que sería derrotado en su ponencia que favorecía a una senadora del pacto histórico decide ausentarse de la sala esgrimiendo cita médica.

Ese proceder no es justicia, es politiquería con toga, viene hacer lo mismo, que cuando se les vence el periodo salen a dar conferencias sobre ética y el estado de derecho.

Ese magistrado de apellido Reyes, que huye de la discusión para no perder, deja de tener autoridad para portar la toga, por cuanto con ese proceder obliga a aplazar el fallo por semanas o meses, lapso en el cual la acusada sigue libre, muy tranquila, como si no hubiera pasado nada.

Esas actuaciones las hacen porque saben que nadie los controla, con una Comisión de disciplina judicial que no opera, o bien porque sus colegas tapan para que la sociedad no se entere.

Todos estos comportamientos nos hacen pensar que estamos llegando a los extremos donde ciertos abogados mañosos son elevados a la dignidad de magistrados de alta Corte.

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